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Diferido

14 enero 2011

  A pesar de muchas veces jactarme de mi buena memoria, son muchas otras las que reniego de esas situaciones que pasan a formar parte del limbo de los recuerdos y que jamás podré revivir.

 Si existiese un consenso respecto de los recuerdos creo que se podría concluir que los momentos de mayor felicidad o tristeza son los más fáciles de recordar. Lo que más emociona se gana un lugar de privilegio dentro de ese baúl del cerebro que, con dispar suerte, intentamos muchas veces abrir.

 Todo esto viene por algo que me pasó ayer. Estaba mirando la televisión y de repente la imagen que apareció me llevó de inmediato a mis ocho o nueve años. Fue increíble, Hasta parecía que tenía el cuerpo de esa época. Hoy por hoy uno puede ver en directo y por celular como el Rapid de Viena pierde en Dinamarca ante el Brondby pero cuando las patillas de los noventas empezaban a crecer uno vivía de otra forma. Vivía en diferido. ¿Lo dan por la tele? Si, en diferido. ¡GENIAL!

 La radio no sabía de diferidos y vivía a tiempo real. River no sabía de promociones, ni Boca de grandes logros internacionales. Los equipos brasileños tampoco sabían del daño que le pueden hacer a un niño de nueve años e insistían en postergar mis sueños “libertadores”.

 El tema es que mi papá me hizo de River como él pero no pudo inculcarme su forma de vivir los partidos. Yo, ironía del destino, priorizaba la imagen a la inmediatez de la noticia. A esa edad no había nada que no pudiese esperar cuarenta y cinco minutos.

 Los partidos de copa se jugaban entre semana y cerca de las nueve de la noche según la novela brasileña de turno. Entonces mi viejo agarraba la radio portátil y se iba a la terraza. Yo me quedaba en la habitación con la almohada entre las orejas a esperar que, una hora después, empiece el partido por televisión. La protección no era por temor a que mi papá me adelante nada, de hecho puedo dar fe de un día en el que yendo al baño lo vi con los puños apretados ahogando un grito. La almohada era por el famoso folclore del fútbol que me podía dar pistas pirotécnicas acerca de los avances del marcador.

 Las once de la noche era la plena madrugada a esa edad y cuando terminaba el primer tiempo el sueño se convertía en mi peor amenaza. En algunas ocasiones, viéndome vencido, me iba a la terraza y claudicaba.

– : Pá? ¿Pasamos?

  Mi viejo me miraba. Sé que disfrutaba de sólo verme en pijama y con una camiseta del millo muy distante de la original pero más disfrutaba de mi interés por un partido de fútbol. Después existían dos caminos. En uno, el más triste, Papá buscaba sacarle importancia al tema.

-: Diego, ya está. Es tarde. Andá a dormir nomás. Mañana te digo. No pasa nada.

 Después me daba un beso y me acostaba. Con lágrimas, no tenía otra que abrazarme a la almohada como el chico que era. Mi viejo, como todo un hombre, se quedaba estoico viendo el segundo tiempo por televisión.

 La otra opción también involucraba lágrimas, pero de las otras.

-: Pá? ¿Pasamos?

 -: No sé, no sé. ¿Pero qué? Ah! ¿Ya tenés sueño? Pero si dormiste la siesta. Dale, lávate la cara. Aguantá un ratito. ¿Tanto que te hacés el hincha de River y no lo alentás hasta el final?

Esa película terminaba bien seguro y dormía feliz.

 Pasó el tiempo y crecí. Mucha de mi inocencia quedó en el camino. La palabra diferido empezó a dejar de usarse. El dinero terminó de invadir al deporte de la pelota y uno, ya desilusionado, aprendió a no resignar más lágrimas en ese mundo capitalizado. Algunas igual le escapaban al negocio y asomaban. Diego, el otro, el verdadero, tenía el don de convocarlas. Las lindas del ´86 no las tuve pero las agridulces de más adelante dijeron presente.

 El otro que me podía emocionar era el que estaba en la tele cuando empecé con este disparate de recordar. Ya lo había visto vestirse diferente pero esta vez era distinto. Estaba de blanco y negro y hablaba de sus ganas de jugar. Quería hacer lo único que sabe hacer bien. Eso que tantas veces hizo con la banda en el pecho y que ahora tenía que hacer en otro lado por culpa de dos o tres incapaces que no entienden que él no tiene que ser ejemplo de nada, que los más chicos primero deben hacer lo que él hizo con la pelota antes de exigir una igualdad de trato, que a un hijo no se lo echa de la casa por más macanas que se mande y que en todo caso, lo último que hay que hacer con alguien que nos dio todo y tiene problemas es pegarle donde más le duele.

 Y ahí estaba, vestido distinto. Y me vinieron los nueve años a la cabeza, me vi con la camiseta de imitación que había cambiado el Peugeot de la publicidad por Sanyo. Me dieron ganas de sacármela y de decirle a Ariel que se la ponga, que por favor se la ponga.

 Mi casa de ahora no tiene terraza.

-: Decime que no es verdad. Que en la radio te dijeron que no se va.

 Tampoco está mi papá para decirme:

 “No sé, no sé ¿Ya tenés sueño?…”

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“El viejo Casale”, guión radioteatral adaptado del cuento “19 de diciembre de 1971” de Fontanarrosa.

19 noviembre 2010

 

El calor de diciembre comenzaba a golpear Rosario y, más aún, con el duelo entre los equipos de la capital futbolera de la provincia de Santa Fe.

Newell´s y Central iban a disputar la semifinal del torneo en Buenos Aires, en la cancha del Club Atlético River Plate.

Miles de rosarinos esperaban verse las caras en uno de los clásicos más destacados de la historia del fútbol argentino.

Sin embargo, no fue por lo vibrante del partido, ni por el resultado lo que hizo único a este choque. Lo curioso fue la maniobra que realizó un grupo de amigos con tal de ayudar a su glorioso Rosario Central a salir triunfante.

El punto obligado de reunión era el Bar “El Arroyito”, tierra canalla por excelencia.

Tiempo después del recordado partido las juntadas se repetían y, casi siempre, Maurito llevaba la voz cantante. Apenas pasaba los treinta, pero su cuerpo arrastraba innumerables batallas centralistas.

 Maurito: “Yo se que ahora hay muchos que dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que le hicimos al viejo Casale. Nunca falta gente así. Ahora es fácil hablar al pedo… ¿te acordás lo que era Rosario esos días antes del partido? La ciudad era una caldera, prendías un fósforo y volábamos todos a la mierda.

Pero hablar ahora es fácil. Que son… ¿moralistas? Si ellos mismos estuvieron en pedo, festejando a los gritos en la calle. ¿Ahora se quejan? ¿Ahora nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale?

 Maurito era un eterno enamorado de Central y de Marcela, otra fanática que formó parte de aquel plan. Ella solía escuchar absorta el énfasis que le ponía Maurito a sus palabras. Tenía poco más de 20 años y era hermana del Tano, otro estandarte de la barra.

 Maurito: ¡Hay que hacer cualquier cosa! Hay partidos que no podés perder! Entonces si me dicen que tengo que matar a mi vieja, voy y PUM la mato hermano! Después estos soretes te refriegan la bandera en la jeta toda la vida. No… mi viejo… ¡Hay que hacer cualquier cosa para ganar!

Marcela: Pará! Tranqui, Mau. Todas las brujas del barrio están laburando por la causa. ¡Hay muñecos con la camiseta de Newell´s clavados con alfileres por todos lados! Sal tirada en la puerta de los jugadores leprosos y hasta mi vieja, que de fútbol no entiende nada, ató un pañuelo, de esos de Pilato, Pilato, si no gana Central no te desato…

Los chicos iban siempre juntos a la cancha. Desde su pubertad compartieron alegrías y tristezas, pero este no era un partido más.

Y mientras tomaban algo en el boliche de siempre surgió una idea que alteró todas las cábalas.

Maurito: ¡Tenemos que ir en el auto de Nico! La última vez ganamos en La Plata…

Marcela: Si, y vos tenés que llevar el gorrito que nunca falló hasta ahora y mirar el partido atrás del Valija.

Maurito: ¡Nooo! Atrás del Valija estaba Nico con el reloj cambiado de mano, de eso no me olvido…

 

Marcela: ¿Estás seguro? Nico estaba abajo mío…¿ o al lado? Pará, me acuerdo que jodía con lo del reloj y en un momento se me puso al lado. Y el Valija..

Y mientras la discusión sobre como ubicarse en la popular continuaba, entró exaltada Susy, la más joven del grupo,  y recordó una cábala que nunca había fallado…

 Susi: Che ¿Se acuerdan del padre de Casale? Casale… el cabezón. El que venía a la cancha con nosotros y hace un tiempo se fue a vivir a Salta… Bue, Dicen que su viejo jamás vio perder a Central. Ni en el Parque ni en el Gigante… ¡Nunca!

 Curiosamente no es que el Viejo Casale haya ido poco a la cancha. Él era fanático de la primera hora y salvo en algunas ocasiones se había perdido algún que otro partido. Pero cuando estuvo presente, Central jamás había perdido.

Maurito: Vamos a visitarlo, para asegurarnos que vaya a Buenos Aires.

La novedad conmocionó a los chicos, porque hablando con Casale su sueño parecía desvanecerse. El viejo había pasado hace rato la barrera de los 60 y varios años de cigarrillo marcaban su voz pero en líneas generales parecía recuperado.

Hija de Casale: ya va….¿Quién es?

Susy: Los pibes del Arroyito, ¿Está tu papá?

De entrada, la charla pintaba para fracaso…

Casale: Tengo terminantemente prohibido ir a la cancha. Ni los partidos por radio me dejan escuchar acá. El domingo me voy a ir al campo de mi hermano para no enterarme de nada y después leo el diario, por las dudas…

El Sr. Casale había sufrido un ataque al corazón dos años atrás en la platea del Gigante de Arroyito, tras un tiro en el palo.

Se rumoreaba que había estado muerto unos segundos y, por prescripción médica, no tenía que vivir ninguna emoción intensa.

De hecho, la mujer y su hija lo atendían como un enfermo terminal, no le dejaban hacer ninguna tarea de la casa y le brindaban todo lo que necesitaba para que no se esfuerce.

Maurito: ¡Está hecho un tigre! Yo lo veo cero kilómetro… Aparte Ñuls no tiene nada, el partido es una joda. El Gobierno ya dispuso que Central tiene que ganar, a los diez minutos va a estar 3-0 y ud. no se puede quedar afuera de esa fiesta…

Casale: ¡No, ni loco! ¡No insistan! Ni siquiera se si podré resistir la tensión de saber que se juega el partido, aunque no lo escuche.

Y más tarde, anticipó lo que iba a hacer ese día…

Casale: Antes de que empiecen a pasar los ómnibus con la gente yendo a Buenos Aires, yo me voy de mi hermano que vive en Villa Diego. A él no le importa nada el fútbol y ahí pasaré todo el día sin prender la radio.

La rotunda negativa desalentó a los chicos que se fueron con muy pocas esperanzas.

A la caminata se sumó La Cacho, una piba que llevaba con hidalguía su apodo y la que carecía de modismos femeninos.

Maurito: Esto es anuncio que nos hacen cagar en Buenos Aires… ¡Qué infarto, ni que infarto! ¡Es un viejo choto!

Susi: Boludo! No seas así, me dijo la hija que si escucha cualquier cosa fuerte… se muere… posta, está muy grave.

La Cacho: ¡Dejate de joder, Susi! ¿Vos pensá que si le hago Uhhhhhh en la cara,eh? Uuuuhhhh en la jeta,  ¿Se lo va a llevar la parca? Vo pensá???  Yo lo banco a Maurito a morir loco. El Casale ese es un piola bárbaro, un pitucón de aquellos  el viejo ese…

El enojo y la desesperanza ganaban la escena, sin embargo, una idea que comenzó siendo catalogada como “una barbaridad”  empezó a ser una opción viable con tal de ver ganar a Central.

La logística la llevaría a cabo el Tano, mientras que la inteligencia y las directivas quedaban en manos de Maurito y las chicas.

La Cacho: Si, Marce, escuchaste bien. Lo secuestramos y lo metemo de prepo en el Monumental. Si quiere bien y si no quiere también, te cabió?

Maurito: Miles de tipos tuvieron un infarto y los ves caminando por la calle, haciendo vida normal. Este viejo está perfecto.

Marcela: No, chicos. Definitivamente no. Conmigo no cuenten.

Susy: Para mí es cómo me dijo el Valija. El tipo se hace el boludo para pasarla bien. Sólo resigna ir a la cancha, fasear un poco, pero después vive como un rey. Eh!!!

La Cacho: Lo tenemos que llevar, no podemo´ perder… Es corta la bocha, corta.

Después de un intenso debate,  se comenzó a planear la manera de ponerlo en la ruta sin que se de cuenta.

Decidieron que lo mejor era camuflar un micro y hacerle creer que iba a Villa Diego, a la quinta de su hermano.

Y así, se puso en marcha el plan para que el Viejo Casale esté presente en la popular.

Ya en el micro, la benjamina del grupo se hizo escuchar…

Susy: ¡Escondé esa bandera, boludo! ¡Ey, ustedes dos, cállense la boca! En serio! En esta nos jugamos la vida. Silencio.

La Cacho: Vos pedazo de pelotudo, sacate la gorra.

Nada podía estar librado al azar, más cuando quien seguía los movimientos del Viejo Casale avisó que estaba llegando a la parada.

El falso micro estaba listo y la aventura se iniciaba…

Casale: Hasta Villa Diego, por favor…

Con Casale adentro del colectivo, el murmullo aumentaba, porque los cómplices de este delirio querían comenzar con la fiesta.

Después de treinta minutos de viaje…

Casale: “En la esquina, jefe”.

Marcela (alejada del micrófono): Señor, en la entrada de Villa Diego han cerrado el tránsito, tiene que seguir un poco más…

Casale creyó en las palabras de Marcela que había hablado desde el fondo del micro, pero se quedó paradito al lado de la puerta, esperando para bajar.

Y tras unas pocas cuadras…

Casale: En la esquina por favor, yo arrimo caminando. Pare señor… ¿No escucha cuando le hablo?, ¿No escucha? (subiendo en tono de voz) Pero… ¿Está muerto que no escucha? ¿Está muerto? PARE POR FAVOR!!!

En ese momento Casale miró con asombro a su alrededor. A los gritos y cánticos se le sumó un despliegue sin igual de banderas y camisetas.

Las cincuenta personas que actuaron en silencio hasta ese momento no pudieron ocultar su pasión y revelaron la verdad de la historia.

Ese micro no iba a Villa Diego, ese micro iba a la cancha de River, iba al estadio Monumental.

Casale: ¡La puta que los parió! Son unos irresponsables…

Maurito: Casale, esto es para demostrarle que usted está bien, que está en condiciones de volver a las canchas.

Susi: No le puedo explicar la cara de alegría que acaba de poner cuando empezaron los gritos…

Casale: ¡Nooo, esto es una vergüenza! Pendejos de Mierda, y vos Gordito ¿ de que te reís?

Marcela: Tranquílicese ahora. Viviremos la tarde más importante de nuestras vidas.

La Cacho: Tranqui Don, relaje que ya está jugado.

Cuando el Viejo se dio cuenta de que era imposible escaparse, se entregó de lleno a la causa, pidió una bandera y comenzó a cantar en contra de Ñuls.

Cuando entró al Monumental, se transformó en un chico.

En un chico que descubría por primera vez la magia que significaba estar en una cancha alentando a su equipo del alma.

Maurito: Vieron que no me equivoqué. Este tipo la está pasando de maravilla. Relajémonos y disfrutemos del juego. Ya está ganado.

La alegría del viaje y de los primeros minutos fue cambiando con el correr del partido y los ataques de Marito Zanabria y compañía.

Susi: ¿Lo ven bien? ¿No está un poco verde?

La Cacho: Susi, dejate de joder. Está impecable. Mirá como camina… mirá como manguea mate y factura. Es un campión!

Marcela: El susto ya se le pasó.  Esta es la tarde más especial que vivió el viejo y gracias a nosotros.

Una avalancha tremenda hizo desaparecer a Casale que terminó abrazado a un señor en musculosa unos catorce escalones más abajo.

Marce: Mirá como esta…

Maurito: Si no murió ahora no muere más. Tiene más vidas que los gatos… ¡Es inmortal el hijo de puta!

El segundo tiempo fue un monólogo de Newell´s.

Dos tiros en los palos. Más de diez córners y un dominio absoluto que hizo sufrir, a los fanas de Central, cada segundo del partido.

Casale: ¡Terminalo cuervooo! ¡Hasta cuándo querés jugar! Dale la puta que te parió porteño de mierda!!!

Cuando finalizó el juego, el estadio ¡explotó!

El delirio se apoderó de los canallas. El 1-0 cerró una jornada inolvidable.

Pero, sin embargo, aún quedaba algo mas…

Maurito: Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito…

Y  me gustaría que me contesten todos esos que dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Que me contesten si alguna vez lo vieron como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí lo terminó, hermano.

¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría que tenía! ¡Qué alguien me diga si alguna vez lo vio llorar abrazado a todos los muchachos!

Te puedo asegurar que ese día fue el más feliz de su vida por lejos.

Y cuando lo vi caerse, quedarse seco en el piso… pensé como varios… ¡Qué importa! ¡Qué más quería que morir asi ese hombre! ¿Para qué seguir viviendo? basureado por la propia esposa y por la familia!

¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, al aire libre, mezclado entre la gente que disfrutaba de su misma pasión, con la alegría de haberle roto el orto a la Lepra!

¡Así se tenía que morir! Hasta lo envidio, hermano, te juro… ¡lo envidio! Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo esa, hermano. Yo elijo ésa.

Carlos “Chiche” Arano en exclusiva con Deporpurri

20 octubre 2010

Entrevista EXCLUSIVA con Carlos \”Chiche\” Arano

En la previa del clásico que tendrá como protagonistas a River Plate y Racing Club, Carlos “Chiche” Arano opinó sobre el mal momento futbolístico que atraviesa el conjunto de Núñez y también hizo hincapié en los polémicos arbitrajes que los están perjudicando a la hora de definir los partidos.

Por otra parte, expresó su pensamiento acerca de los clásicos del fútbol argentino, no sólo del partido del próximo sábado contra la Academia sino del que disputará Huracán,  su ex club contra su clásico rival, San Lorenzo, el domingo en Parque Patricios.

Ahora sí, sin más adelantos escucha la nota exclusiva de Deporpurri con el número 3 del millonario:

http://www.goear.com/listen/8e87386/entrevista-exclusiva-con-chiche-arano

Cobertura Entrenamiento de All Boys. Previo al partido por la fecha 5 del Torneo Apertura 2010

3 septiembre 2010

Se acabó la joda…

15 julio 2010

Porque esto es África. Repetidas hasta el hartazgo por Shakira primero y por todos después, estas palabras parecían prevenir al mundo que esta Copa Sudáfrica 2010 iba a contar con un común denominador, LOS CONTRASTES.

  El buen juego de España y su falta total de contundencia. Estadios de primer mundo a pocos metros de barrios pobrísimos. El fútbol arrasador primero y lleno de temores en la final de Holanda. Un pueblo sudafricano en constante lucha para fomentar “zonas grises”. La heroica garra charrúa y la suerte que los acompaño en el fixture y en la cancha. Principes y reyes compartiendo tribuna con gente de Soweto, de Ezpeleta y hasta con chinos disfrazados de hinchas coreanos.

 Y siguen los contrastes. Los amantes del fútbol puro versus la tecnología que pretende acabar con las injusticias del ojo humano. Mandela y Blatter. La armada femenina europea, con holandesas y danesas a la cabeza tuvieron su contraparte con brasileñas, argentinas y paraguayas y dieron al mundial una colorida cuota de belleza.

 Argentina en su totalidad fue un contraste. Sidieguistas en el poder y muchos “antis” esperando una derrota cruel que los salvara de volver a escuchar la remanida frase maradoniana. Un planteo táctico por demás ofensivo y las sombras conservadoras del doctor en la tribuna. Messi y Garcé. Jugadores de elite mundial y cábalas por doquier. Goleada ante Alemania y recibimiento multitudinario en Ezeiza.

 El mundial de los contrastes llegó a su fin. España pudo hacer sonar sus gaitas por encima de las benditas vuvuzelas y se coronó por primera vez. Un último detalle que realza las contradicciones.   Mientras millones de españoles festejaban, Charles Puyol, capitán del campeón, no tuvo reparos en celebrar el título enfundado en una bandera de Catalunya.

Má, mirá que me voy a una fiesta mañana…

10 junio 2010

Bueno nene,  te digo lo de siempre. Cuidate, no tomés mucho, usa forro y nada de porquerías eh!!!

–  Qué porquerías ni que alcohol! Esta es una fiesta distinta, esta es la mejor fiesta de todas, no voy a perder tiempo con esas cosas.

– ¿Tantas minas va a ver que no vas a tomar nada?

– Minas? No te voy a mentir, va a haber de todos lados y muy buenas pero esta conga no se mueve al ritmo de las minas. Esta fiesta puede prescindir de mujeres, de escotes, de sexo. No te dije que es la mejor fiesta de todas?

– A la miércoles! No te estarás haciendo putito no? Todo bien con eso m´hijo pero te parece a esta edad?

– No Má! Sigo pateando para el mismo lado, pero esta joda va más allá de todo!

– Y dura mucho? porque tanta bandera que le estás haciendo me imagino que valdrá la pena.

– Dura un mes mamá,  llega cada 4 años, dura un mes y es adrenalina pura. Para algunos termina antes y es un garrón no ver el final. Esta vuelta tengo fé que me quedo hasta lo último. vos no te preocupés que voy a estar bien. Y si por una de esas me ves llorando no te hagas drama que a lo mejor son las lágrimas más lindas que voy a derramar.

EMPIEZA EL MUNDIAL,  A diferencia de muchos sitios que te dan toda la cobertura, Deporpurri va a mirarlo.  Como vos, como tu vecino, como todos los que amamos el fútbol.

 CERRADO POR FIESTA!!!

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!!

Como palpita Marcelo Benedetto el Mundial Sudáfrica 2010

1 junio 2010