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No es importante, ni el fin del mundo…

30 octubre 2009

Arriba chicos,  somos Segundos!!! Deporpurri quiere saludar efusivamente a uno de sus hijos pródigos que recientemente alcanzó el segundo puesto en el concurso que año organiza DEPORTEA entre sus estudiantes.  Nuestro postman no recibirá premio alguno pero se lleva los cálidos abrazos de la gente del blog y de los miles de seguidores que día a día engrandecen esta aventura. Aqui tienen un temita para que escuchen, saludamos al ganador Ignacio Damiani y les dejamos el texto de plata:

A menudo los hijos se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción; ésos que se menean con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor…                     Niño, deja ya de joder con…       

ESOS LOCOS BAJITOS (Joan Manuel SERRAT)

LA PELOTA

 Los repasos cronológicos pueden muchas veces volverse algo tediosos. Enumerar hecho tras hecho acontecimientos ocurridos tiempo atrás no siempre genera grandes expectativas y menos aún si el repaso nos lleva cien años de la vida de los argentinos. En esta oportunidad, el recorrido tendrá una compañía que lo hará mucho más ameno: pongámosla sobre el piso, bajo la suela y procuremos su cuidado. Ella siempre recompensa el buen trato.

Pelota, balón, bocha, talope, fulbo, esférico, globa, redonda, número cinco, chiche, bola. Las formas de llamarla son de las más variadas, el que mejor uso le dio imploró para que no se manchara y Alfredo Di Stéfano, otro fenómeno indiscutido del fútbol, le hizo un monumento que al pie rezaba: “Gracias Vieja”.

 Seguramente Alexander Watson Hutton, escocés bautizado como el padre del fútbol en estas tierras, ya conocía mucha de estas denominaciones cuando allá por 1911 se retiró de la actividad que había comenzado en 1881. La creación inglesa más hermosa ya había prendido en un pueblo que buscaba con ansias puntos en común que le permitiera fortalecer a la incipiente Nación.

 El tiempo pasó, los gobiernos democráticos alternaban con los de facto. Las mujeres sumaban derechos y la Argentina deuda externa. Los cinco grandes se repartían los títulos y la gente repartía su amor por ellos. La escuela pública comenzaba a ser una realidad para la totalidad de los chicos y los pelotazos invadían los blancos guardapolvos.

 Las vicisitudes del pueblo argentino son por todos conocidas. Los vaivenes de la historia y de nuestra idiosincrasia nos llevaron de granero del mundo a liderar el ranking mundial del “riesgo país”, de atroces dictaduras al ficticio primer mundo del uno a uno. De líderes carismáticos a oscuras y aburridas autoridades. De derechos y humanos a banderas rojas y exilios. De todas formas, siempre hubo momento para que tanto en las lujosas casas de los patrones de estancia como en las humildes villas que empezaban a cobijar a los “cabecitas negras” se hiciera un lugar para que la alegría se haga realidad dándoles patadas a una pelota. Ella, invariablemente, asumía el rol de testigo y protagonista. Reluciente y del mejor cuero o de trapo y remendada, pero vigente, siempre vigente.

 El fútbol ancló definitivamente en el país y el sentir popular fue creciendo sin poder separarse jamás de las vivencias de este deporte. Todavía hoy es común escuchar a nuestros mayores relacionar momentos de su vida con algún acontecimiento futbolístico. No faltan comentarios como: “Eso tuvo que ser después del ´75 porque River ya había salido campeón” o “Te digo que fue en el ´69, me acuerdo bien porque el mismo día del bautismo, Chaca daba la vuelta”. Pareciera ser que siempre un balón se esconde detrás de las cosas y que a través de él se puede hilvanar toda la historia Argentina.

En algunas oportunidades fue usada como medio de distracción, como bomba de humo que, bajo el nombre de Tango, desviaba la atención de la mayoría y nos hacía creer campeones del mundo, mientras muchos otros soportaban embates eléctricos y vuelos de la muerte. Pero no sólo la victoria servía para barrer debajo de la alfombra nuestras miserias. Apenas un tiempito después muchos compatriotas con edad de inferiores cambiaban sus pantalones cortos por ropa de fajina, sus pelotas por fusiles automáticos ligeros y emprendían viaje para recuperar algo que ellos no habían perdido. Al mismo tiempo los héroes del ´78 con el Dios niño del ´79 se iban y volvían pronto de España. Ambas empresas resultaron perdidosas. El bendito sentir nacional condenó al ostracismo a algunos, le dio una segunda oportunidad a los otros y prefirió maldecir a los “garotos” por sobre los “gurkas” ingleses.

 Por suerte o por mero designio del destino, los malos se fueron para siempre, el Dios niño creció y se encargó de unificar los paradigmas. Se vengó del invasor, lo humilló y dejó escapar un “puño puñal” que dejó al país entero inmerso en ese placer que sólo los dioses deleitan.

Y la pelota ahí, latente. Mansa para dejarse acariciar por más de cincuenta metros sin alejarse de la zurda, cómplice para callar la intervención manual y divina.

 Después la historia le mendigó nuevos primeros planos y el derrotero, hasta el día de hoy, parece no tener fin.  De todas formas la “redonda” esquivó todo atisbo de impopularidad que pudiera acarrear los fracasos. Se mantuvo estoica y popular. Quizás convirtiéndose en el ícono que mejor representa los ideales democráticos por los que tanta gente peleó, pelea hoy en día y que gracias a Dios creemos están a salvo.

Lo cierto es que, más allá de la invasión constante de juguetes de todo tipo que desde oriente encandilan los ojos de nuestros chicos, toda nena tendrá entre sus pertenencias una muñeca. Podrá ser de esas que hablan, andan en auto y visten de lujo o de aquellas tan humildes que apenas si cuentan con cabello. Con los nenes pasa algo parecido. Quizás sea la misma que usan los jugadores profesionales o simplemente una de plástico duro plagada de agujeros, pero no les puede faltar una pelota. Muñecas versus pelotas, definitivamente el Boca – River de los juguetes.

 Para finalizar, me permito volver a la inocente disputa entre barbies y número cinco. Como en toda contienda, se busca un ganador y, en mi humilde opinión, la balanza se vuelca, subjetivamente quizás, hacia el lado más esférico. Para justificar mi postura propongo el siguiente ejercicio: primeramente visualicemos mentalmente la imagen de una muñeca, puede ser de esas grandes, con cachetes colorados y pelo ensortijado. Ahora hagámonos la idea de que la figura está en el piso, supongamos que hay barro y que muchas piernas la rodean, por fin las patadas caen sobre la muñeca y destripan su interior. La imagen, claramente no es agradable y despierta una mueca de desagrado. Por otro parte, llevemos la mente a concentrarse en un chico que apura su almuerzo para ir a jugar. La jornada pasa rápidamente con el fútbol como principal protagonista. Hizo goles, dio abrazos, vueltas olímpicas y hasta se aterrorizó por ese colectivo que casi le arruina la tarde cuando sus ruedas rozaron su juguete más preciado. Sigamos imaginando, vuelve a su casa, cena, lo mandan a bañarse y acepta a regañadientes, lo mandan a dormir y acepta de la misma forma. Podría rezar o no, tener un cuarto individual o compartirlo con cuatro hermanos. Haber cenado con postre o apenas saciado su hambre. Podría ser cualquier chico, de cualquier época y de cualquier parte del país, un niño que se mete en la cama, apoya su cabeza en la almohada, y del costado de la mesita de luz toma su pelota, la abraza fuerte, la besa, se duerme…

 Es por eso que creo que el punto es para la pelota, o mejor dicho, es GOL.

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4 comentarios leave one →
  1. 30 octubre 2009 23:15

    Bueno Dieguito como ya te dije hoy, es un orgullo que formes parte de este blog, y que podamos compartir el curso con alguien como vos. Tenés mucho futuro en esto y bueno no siempre se logra lo que se quiere.. pero te aseguro que SIEMPRE hay REVANCHA… Y lo unico que no hay q hacer es bajar los brazos sino seguir luchando por lo que realmente deseamos!

    Te queremos, sos grosooo sabelo!

    Tus compañeeeros de

    DepooorPurriiii (:

  2. Andrés permalink
    31 octubre 2009 4:55

    Me emocionó tu trabajo, roza la perfección.
    Claro que hay otras cosas que también me producen esas dos expresiones y prefiero manternestlas en el tiempo y sin globito.

  3. 19 noviembre 2009 13:45

    Buceando blogs me topé con el de ustedes y con la excelente nota de Diego. Me da un poco de pudor postear para expresar un sentimiento, sin embargo, la nota de la “pelota” me sensibilizó lo suficiente como para hacerlo.
    Quiero decir algo: no hay segundos puestos. Puedo contarles una anécdota, el año pasado participé del concurso de Deportea. Llegué a la final y…”la perdí”.
    Puedo percibir, entonces, lo que se siente, la injusticia de que la escuela ni siquiera haga mención del segundo puesto -contradicción esta de enseñarnos al no “ganar como sea” y, no obstante, no se reconoce como se merece el trabajo finalista -prefiero mirarlo así: trabajo finalista y no “segundo”.
    de modo que desde aquel día me metí en la cabeza intentarlo otra vez. Este año tuve recompensa y en una de las primeras personas en quién pensé fue en el que había disputado la final conmigo.
    Me enteré por el blog que fue Diego y con este humilde posteo quiero darle mis felicitaciones -sinceras y sin demagogia-.
    creo, y cada vez más profundamente, en que el que triunfa es quién lo sigue intentando y no quién lo logra.
    Este posteo se tornó insoportable, así que les dejo un abrazo a todos – otro a mi compa Romi, quemera a muerte, te quiero quemerita!- y espero abrazarlos el año que viene en la fiesta de recibida -será extrema-, futuros colegas!
    sin más! saludo a todos!

  4. Diego Farias permalink*
    1 diciembre 2009 15:33

    Hola Nacho! Antes que nada gracias por pasar por este intento de blog que busca descontracturar un poco las tensiones diarias. Me pone bien que “La pelota” te haya podido sensibilizar, creo que es ese el objetivo que debemos buscar cuando escribimos y me alegra que, por lo menos en tu caso, haya sido cumplido. También me ha tocado en primer año llegar a la selección final y no ganar, así que ya estoy acostumbrado y por eso la “alegoría cebollística”. Es interesante lo que decís de la falta de reconocimiento por parte de Deportea, no es que me desviva por que mi nombre aparezca en las carteleras pero no me había puesto a pensar que sólo aparece el nombre real del ganador, condenando al ostracismo a los “innombrables perdedores”. Gracias nuevamente por pasar, felicitaciones por tu trabajo y nos veremos en esa fiesta que tendremos el año entrante, salú!

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